Física 5

Física Moderna. Experimento de Einstein. Frecuencia umbral. Longitud de onda y Frecuencia. Energía Cinética. Trabajo de extracción de electrones. Bachillerato.

Matemáticas 5

Matemáticas. Álgebra. Resolución ecuaciones exponenciales. Exponenciales y Logarítmos. ESO. Bachillerato.

El libro de la semana

Cleopatra, de Ariadna Castellarnau

La editorial RBA trae este otoño una colección de mujeres poderosas de la Historia. Para comenzar las entregas, se parte de una figura femenina clave para entender la visión que se ha tenido de las mujeres a lo largo del tiempo: Cleopatra. A esta se la conoce por haber sido la amante de algunos de los hombres más poderosos de su tiempo: Julio César y Marco Antonio. Sin embargo, muchos quizás desconozcan que esta mujer fue la última faraón de Egipto antes de que Egipto quedara subyugado a Roma, y que su propósito en la vida fue mantener en pie el trono heredado de la dinastía alejandrina de los Ptolomeo, actuando como una gran estratega con la creación alianzas con muchos pueblos, entre ellos, el más poderoso de su tiempo: el romano.

Cleopatra desde los dieciocho años, tras la huida de su padre a Roma para ponerse bajo la protección de Pompeyo, enemigo de César, es consciente de que para lograr la paz debe vivir antes en guerra. Así, su hermana Berenice hereda el poder, pero pronto es asesinada al volver su padre con apoyos romanos. A la muerte de este, son Cleopatra y su hermano pequeño quienes son los herederos, estando establecido que reinen en colaboración, lo que en la práctica es un imposible debido a todas las intrigas y las ansias personales de poder. De esta manera, la historia de Egipto en ese momento no puede entenderse sin la influencia de las tensiones de Roma, que intentaba anexionar Egipto como provincia romana, a pesar de la reticencia de los Ptolomeo, entre ellos, Cleopatra. Según la novela biográfica de Castellernau, Cleopatra intentaba mejorar la vida de su pueblo y para ello, a veces no quedaba más remedio que negociar con Roma, ayudarles en las batallas que mantenían con otros pueblos, pero siempre con una calma tensa evitando que su pueblo sea súbdito de Roma. Cleopatra se mostraba orgullosa ante los extranjeros, patriótica, con un sentido de estado que le hace llevar a cabo alianzas que aprovechan sus enemigos para desprestigiarla. Así, ante un hambruna provocada por los ritmos de crecida del Nilo y la posterior ayuda a Roma, sus enemigos la atacan y buscan su derrocamiento. De esos detalles, se va configurando su mala imagen. Sin embargo, siempre su fin es el mismo: colaborar con Roma para mantener la independencia de Egipto, ser aliada de Roma, pero no súbdita.

De su dimensión política surge la sentimental, pues en sus negocios políticos y bélicos con Roma conoce a dos de los hombres más importantes de la época. Primero Julio César, que acude a Egipto tras vencer a Pompeyo para pedir explicaciones del apoyo a este por parte del anterior rey egipcio. «La lealtad con lealtad de paga» contesta Cleopatra, pues su padre se exilió a Roma bajo la protección de Pompeyo, por lo que luego le apoyó a él, en vez de Julio César. Ante esto y el firme carácter de esta mujer, Julio César queda prendado y emprende una relación, que culminará con el nacimiento de su hijo Cesarión. Las crónicas romanas de la época empiezan a ser críticas con el hecho de la influencia oriental en occidente, vendiendo el hecho de que Cleopatra, una mujer oriental, conquistó a Julio César con hechicería; mientras que la realidad es que eran dos personas con mucha inteligencia y sagacidad que, al encontrarse, se sintieron irremediablemente atraídos, influyendo mucho en esto la erótica del poder. Con Julio César, Cleopatra está a salvo. No obstante, todo esto se tuerce tras su asesinato, cuando la misma Cleopatra se encuentra en Roma en los Idus de marzo. En este momento, las relaciones entre Roma y Egipto se vuelven a tambalear al ya no contar Cleopatra con el apoyo del padre de su hijo. Por ello, a partir de ese momento sus acciones se encaminarán a proteger el futuro de Cesarión.

La leyenda negra de Cleopatra se consolida debido a las fuentes romanas que tenían un interés muy claro de desprestigio al oponente de Octavio: Marco Antonio. Tras el asesinato de Julio César, la guerra civil en Roma parece irremediable y, como se sabe, el triunvirato dura poco por la ambición y la tiranía de todos, pero sobre todo de uno de sus hombres: el que sería el futuro primer emperador de Roma, Octavio Augusto. Por ello, corre como la pólvora el hecho de que Marco Antonio ha sido hechizado por la faraón de Egipto, una mujer sin escrúpulos que hace alianzas con los hombres poderosos utilizando sus armas femeninas, viviendo en concubinato primero con Julio César y luego con Marco Antonio, con quien está teniendo varios hijos. Sin embargo, mirándolo con los ojos actuales podemos ver que Marco Antonio, un hombre carismático, leal y valiente soldado, que había luchado mano a mano con César en varias batallas, se enamora de una mujer también estratega, pero con una gran fuerza de carácter, sobre todo para enfrentar las adversidades de su pueblo y los desafíos de las intrigas de la corte egipcia. La belleza de oriente junto con el esplendor de Roma se juntan en estas dos personalidades que son perseguidas por los que quieren destruir la independencia de Egipto, muy rico en cultura y saber universal. Así, en Alejandría aún pervivían escritos de filosofía, medicina, astronomía, que las guerras civiles entre diferentes facciones egipcias destruyen por esos años. De esta manera, se puede decir que el amor en libertad no es posible para ellos, debido a los condicionamientos morales y patriarcales de la sociedad romana, en la que el pater familias decide el comportamiento de las mujeres de su familia. Por ello, los romanos no entienden el poder que ostenta Cleopatra, quien pertenece a una corte más abierta en lo moral, lo que se manifiesta hasta en sus dioses: Isis unida por amor a Osiris, engendrando con este a Horus. No obstante, la historia de Cleopatra con sus amantes acaba como la de Isis, tristemente, pues Osiris es ahogado en el Nilo en una conspiración de su hermano Seth. De igual manera, a Marco Antonio los que han sido sus compañeros de Triunvirato, en especial, Octavio no le perdonan que abandone a su mujer Octavia, hermana del mismo Octavio, para acudir a Egipto y nombrar a Cleopatra reina de reyes, produciéndose las Donaciones de Alejandría, por las que se ratificaban todos los territorios cedidos a Egipto por parte de Marco Antonio. Con ello, Cleopatra engrandece su dinastía y su patria, objetivo de todos los reyes de la Historia, pero que al tratarse de una mujer que desafía las buenas costumbres de Roma, es condenada. A partir de esto, Octavio ataca más fuertemente a su rival, Marco Antonio, empezando entre ellos una guerra de propaganda, que culmina con la batalla de Accio.

La historia de Cleopatra, su ascenso y caída, muestra cómo la historia siempre está del lado de los vencedores. El emperador Augusto se encargó de hacer desaparecer muchos archivos que habrían servicio a los historiadores a conocer mejor la figura de esta mujer y la relación que mantuvo tanto con Julio César, como con Marco Antonio. Lo que parece es que sus actuaciones las dirigía la defensa de su país, Egipto, y su familia; algo que a Roma perjudicaba, por lo que de ahí el mito de la mujer fatal que se aprovecha de los hombres para lograr sus fines. No obstante, hay que tener en cuenta que vivió una época convulsa de guerras civiles y constantes conquistas en todo el Mediterráneo, lo que derivaba en pobreza entre los pueblos, que se pasaban también a un bando u otro según lo que se les prometiera. Ella lidió con esto e intentó llevar una vida según lo que se esperaba de ella, su cultura y educación, en las que el lujo y ostentación de los soberanos era una máxima, puesto que se consideraban emparentados con los mismos dioses. Esto era algo también opuesto a ciertas costumbres romanas de la mesura y el equilibrio. Aun así, el Egipto del 50 a.C también estaba imbuido de la sabiduría griega y la herencia helenística, un idealismo también en cierta manera opuesto al pragmatismo de la Roma republicana. Roma y Alejandría eran dos ciudades muy diferentes entre sí, pero quedaron para siempre unidas en la descendencia de sus soberanos.

El libro de la semana

La casa de los espíritus, de Isabel Allende



La casa de los espíritus emplea como metáfora la casa de la esquina en una ciudad indeterminada de Chile y el feudo agrícola de Las Tres Marías para expresar cómo la nación Hispanoamericana se ha configurado a través de la lucha y la reconciliación, es decir, del odio y el amor a lo largo del tiempo. Para representar esta imagen colectiva del país y, quizás, en global del universo sudamericano, emplea la historia de una familia, continuación de los del Valle del siglo XIX. Estos, en el siglo XX, se debaten entre seguir el peso de las tradiciones y entrar en la modernidad, empujados por la corriente del cambio de los tiempos. El personaje más complejo en este proceso es Esteban Trueba, que recorre un sendero que le lleva de la tiranía de la juventud al despertar de la compasión y la reconciliación familia en la vejez, descubriendo en esa madurez lo que ha perdido debido a su tozudez y salvajismo.

La lucha de clases, que alude a lo colectivo de la sociedad aunque termine desembocando en lo personal, y la incapacidad para alcanzar la felicidad y plenitud, que alude a lo familiar, son los temas fundamentales que se tratan y que están interrelacionados. Esa lucha de clases comienza en el feudo de Las Tres Marías, siendo el protagonista un Esteban Trueba, quien, en su juventud, aficionado a todo tipo de atropellos con tal de satisfacer sus deseos, levanta una hacienda próspera con trabajadores esclavizados a los que considera niños que le deben agradecer hasta su propia vida. Así, se nos resalta que todavía a principios del siglo XX pervive el espíritu colonizador de los primeros españoles que llegaron a América, que consideraban a los indígenas menores de edad, tabulas rasas sobre las que extender la civilización y el progreso. De esta manera, Esteban Trueba piensa que sin patrón la tierra no será fértil y no se podrá hacer negocio, que la organización de una hacienda solo la puede llevar a cabo un hombre de su posición, hecho a sí mismo. Por ello, esas ideas clasistas las extiende a su familia, delegando, por ejemplo, el cuidado de su madre a su hermana Férula y considerando que su mujer le pertenece en cuerpo y alma. Por ello, ese clasismo de la orden de mando para el hombre blanco se extiende a lo familiar, desembocando en una incapacidad para lograr su felicidad; pues él, desde su visión y punto de vista en el relato, nos expresa su sentimiento de fracaso al no sentirse correspondido en el amor de su mujer y sentir hasta celos de su pobre hermana reprimida y frustrada Férula, quien parece haberse acercado más a Clara, aunque sea solo espiritualmente. Políticamente, Esteban Trueba también cree ostentar en su persona la verdad absoluta de los problemas y soluciones del país, con el conservadurismo y la tradición como látigos de mando y poder. Sin embargo, el peso de los acontecimientos en su país le despiertan de un porrazo y le exponen la realidad tal y como es, no como él cree verla. Eso le llevará a que su odio mengüe y el amor familiar venza. Como contrapunto, Pedro Tercero, quien como cantautor revolucionario, hijo de campesinos de Las Tres Marías y amor secreto de Blanca, hija de Esteban y Clara, marca el símbolo del cambio, el enfrentamiento al patrón y la semilla de lo que germinará en la unión de esos dos mundos nuevos: la tradición y el progreso, que es lo que representará Alba, la luz, el amanecer de un nuevo tiempo, quien se erige en la voz de la historia de su familia, pero también de su país, un país fundado a través de luchas recientes y que se encuentra en el caos ideológico, auspiciado por el imperialismo Norteamericano. Alba, siguiendo a su abuela, que castigaba a Esteban con el silencio y la indiferencia; y a su madre, que nunca dejó de buscar a Pedro Tercero, se enfrentó definitivamente a las ideas tiránicas de su abuelo, amando también a un revolucionario, aunque pagándolo más caro que todas sus antecesoras, pues ya no es su abuelo quien infringe ningún castigo, sino el fruto de su salvajismo de su juventud. Así, Esteban Trueba evoluciona vitalmente de tal manera que descubre que los actos pueden salvarte, pero también condenarte, y que el odio y la venganza pueden perdurar a lo largo de las generaciones hasta llegar el momento oportuno.

La incapacidad para alcanzar la felicidad se manifiesta muchas veces en la espera y el ver pasar la vida sin que se logren los deseos. Esteban Trueba ve cómo hasta hacer fortuna pasa un tiempo y en ese tiempo su prometida Rosa muere envenenada por accidente, por lo que su amor en la espera es asesinada. Por otro lado, Esteban, debido a esa insatisfacción se embrutece y comienza las violaciones a campesinas y las visitas a los burdeles, hasta decidir casarse con Clara, hermana pequeña de Rosa. Sin embargo, Clara es enigmática, clarividente, compleja espiritualmente, quien sabe ver mejor con la mente que con los ojos y es consciente de lo que sucede a su alrededor, por lo que no puede alcanzar a amar a su marido, lo que envilece a Esteban hasta el punto de que, a pesar de todos los regalos y atenciones conferidos a su mujer, termina pegándola un día y ella desaparece en espíritu para él para siempre. Los espíritus, los recuerdos, las personas que habitan o han habitado el hogar de los Trueba van apareciéndose no solo a Clara, sino después a sus descendientes para no solo ayudarles, sino mostrarles el camino a seguir. Quizás esos espíritus son los que ayudan a Esteban Trueba a humanizarse, además de la maldición de su hermana Férula, mujer que tampoco consigue alcanzar la plenitud, condicionada por la sociedad patriarcal en que la ha tocado vivir. Por todo ello, vemos cómo se atisba la importancia del amor en sus múltiples vertientes: Férula lo espera hasta la decrepitud; Clara lo encuentra en sus hijos, pero nunca en su marido; Esteban busca ser correspondido en el cariño y cree atisbarlo en su nieta, pues ni Clara ni Blanca le perdonan su tiranía. Sin embargo, el amor, en este caso pasional, que exige más espera es la de Blanca y Pedro Tercero, quienes no logran vivir juntos en paz en su país, pues Blanca parece que prefiere sentir el idealismo de un amor secreto y romántico, pero manteniendo los privilegios de su clase, heredada de sus padres, para ella y su hija, sin arriesgar su posición. Eso crea mucha insatisfacción a Blanca, por no conseguir ser valiente, y a Pedro, por no lograr ser más que el dinero o la posición.

No obstante, tras los avatares y evolución de la historia y los acontecimientos, se nos muestra que la generaciones se configuran de aciertos y errores, que todo acto tiene su consecuencia y que puede ser de amor, de odio o de venganza; pero que aun así, del odio puede surgir amor y de la venganza reconciliación, puesto que la sangre, con la amplitud de sus múltiples acepciones, es el inicio y el fin de todo, y que los espíritus pueden ser los encargados de recordárnoslo.

Química 4

Química. ESO y BACH. Ajuste de reacciones. Estequiometría. Reactivo limitante. Rendimiento.

Física 4

Física. ESO y BACH. Energías. Principio de conservación de la energía mecánica. Energía Cinética. Energía Potencial. Velocidad. Altura.

Matemáticas 4

Geometría. Tres dimensiones. Matemáticas Académicas II. Plano perpendicular a otro plano que contiene dos puntos.

El libro de la semana

Los fuegos del otoño, de Irène Némisrovsky

En esta novela Irène Némirovsky prosigue con el relato de las costumbres burguesas de la sociedad parisina de los años treinta, incidiendo en el hecho de cómo marcó la Primera Guerra Mundial tanto a los soldados, jóvenes con toda una vida por delante y por consiguiente experiencias que vivir, como a sus familias, atenazadas por la incertidumbre y desasosiego de una época turbulenta que no solo no se apaciguó, sino que desembocó en algo más terrible: la Segunda Guerra Mundial.

Para hablar de esta época se toma como referencia a dos jóvenes burgueses, que representan maneras de entender la vida distintas. Bernard, joven combatiente de la guerra de 1917, quien piensa que si sobrevive debe aprovechar cada día como si fuera el último, pues se considera con ese derecho al ser un héroe de guerra. Si el país le conduce a un destino de posible muerte, él tras sobrevivir no solo no se siente patriota, sino que cree que puede defraudar a esa nación sanguinaria. Así, tras terminar la guerra con veintipocos años se siente el superhombre del que hablaba Nietzsche, quien, tras superar la soledad y alienación contemporáneas, se reafirma ante la adversidad y la vida , buscando el placer, un hedonismo desmedido en forma de fiesta, dinero y mujeres. Tiene una amante, Rénee, quien también carente de escrúpulos es infiel a su marido, Raymond Détand, un empresario y político francés del momento. Bernard siente que cada día puede ser el último y con Rénee pasa veladas carentes de sentimiento, mientras Raymond comercia con Estados Unidos, resaltándose así el Capitalismo voraz e incipiente que marcará el siglo XX. El dinero es el motor de la vida tanto de Bernard como de Rénee y Raymond. Este último introduce a Bernard en negocios de dudosa honestidad. La corrupción penetra de esta manera en la vida del joven ex combatiente.

Por otro lado, como contrapuento, aparece Thérèse, joven también que pierde en la Gran Guerra a su marido, Martial Brun, un hombre que murió con honor intentando salvar a un soldado. Martial había acudido allí en calidad de médico de guerra y representa los valores tradicionales y morales de lealtad, fidelidad y voluntad de sacrifico, justamente los que parecen perderse como consecuencia de esa guerra cruel que enfrenta a medio mundo y escalda a unos mientras enriquece a otros. Thérèse, al principio, se mantiene fiel al recuerdo de su marido, pero como mujer joven siente, obviamente, la necesidad de rehacer su vida en aquellos locos años veinte, momento en que, tras una tragedia como es la guerra, todo el mundo anhela disfrutar. No obstante, a diferencia de Rénee, Thérèse busca el amor para formar una familia y cuidar de los suyos. Sus valores no se parecen a los de Bernard. Thérèse es atraída por el atractivo de la juventud, por las promesas de un Bernard que promete estabilidad y amor en un momento de incertidumbre (a pesar del hedonismo imperante) en aquel periodo de entreguerras. Bernard y Thérèse se casan, tienen tres hijos, pero pronto ella se da cuenta de la corrupción y ceguera moral de él, por lo que parece que solo le queda un destino de lamento e insatisfacción sentimental, criando a sus hijos prácticamente sola mientras su marido pasa el tiempo con su amante y emprende negocios faltos de escrúpulos. No obstante, el avance de la década de los treinta y la llegada de la Segunda Guerra Mundial trastoca ese destino de éxito económico y engaño constante. Bernard debe asumir errores y pagar las trágicas consecuencias de sus constantes tropelías de esa década ominosa del vicio.

Esta novela es profunda en lo psicológico al mostrar cómo los personajes no son buenos ni malos, sino producto de los condicionamientos sociales, morales y educacionales, pudiendo evolucionar psicológicamente a partir de sus vivencias y circunstancias. A Bernard, educado en los valores burgueses tradicionales, la Gran Guerra le transformó, pues era joven e inexperto, inmaduro en la gestión de sus emociones. No obstante, ya en la edad adulta, la Segunda Guerra Mundial también le cambiará la vida al enfrentarse a sus errores del pasado o, por lo menos, a la duda de si los negocios turbios anteriores pueden repercutir de manera trágica en el presente. Por otra parte, Thérèse posee una voluntad firme y fuerte, configurada por la espera y el sufrimiento al saber a su primer marido muerto y después ser madre de un marido infiel. A pesar de esto, en ella, su capacidad de amar es más fuerte que esas vivencias adversas y esos desengaños continuos, por lo que la novela nos muestra que en la modernidad, a pesar de ese nihilismo, es posible encontrar amor puro, tal y como lo siente Thérèse por su segundo marido y sus hijos, pero también como lo termina experimentando Bernard por su hijo primogénito, Yves, quien desde niño, quizás educado por su madre, sospecha de los negocios oscuros y disipados de su padre y sus amigos, e intenta mantener la ética y la armonía familiar, pillándole la Segunda Guerra Mundial por sorpresa, al igual que a su padre la Primera. De esta manera, en el Bernard joven y en Yves se ve el eterno retorno de una historia que siempre se repite por generaciones, dejándonos ver cómo los sentimientos puros pueden perdurar a pesar de la corrupción y los momentos disolutos que nos toquen vivir. En ese eterno retorno se descubre no solo el amor puro, sino el aprendizaje y el arrepentimiento como caminos para alcanzarlo. Así, algunas personas poseen mayor capacidad para llegar a ello, mientras que otros deben luchar más para lograrlo, incluso a través de experiencias muy trágicas, y empezar a sentir los fuegos del otoño de la vida.

Química 3

Problema de estequiometría

Estequiometría, Ajuste de reacciones. Reacción de combustión. Cálculos con factores de conversión.

Física 3

Problema de equilibrio térmico

Equlibrio térmico. Calor latente. Calor específico. Temperatura. Calor absorbido. Calor cedido. Calorimetría. ESO.